Tener muy mala suerte, que todo salga mal por más que uno se esfuerce. La variante contraria, 'tener el santo de cara', significa tenerlo todo a favor.
Tener una suerte descomunal y constante, como si a uno todo le saliera bien sin esforzarse. Imagen vulgar que subraya lo absurdo de tanta fortuna.
Ser muy astuto, reservado y curtido, capaz de protegerse y salirse con la suya; a veces con matiz de viejo zorro con mucha cintura. El chiste está en que un galápago tiene una sola concha.
Tener astucia y experiencia adquiridas en la vida real, fuera de los libros; saber moverse y leer a la gente. Valora el saber práctico del que se ha curtido en la calle.
Ser muy inteligente y avispado, imposible de engañar. El 'pelo' funciona como medida mínima: no tiene ni el más pequeño rastro de tontería.
Tener una paciencia extraordinaria, aguantar con calma contrariedades que agotarían a cualquiera. Alude a Job, que mantuvo su fe pese a perderlo todo.
Haber agotado por completo la energía para socializar, de modo que estar con gente cansa en lugar de llenar. Trata la energía social como una pila que se descarga y necesita recargarse en soledad.
Tener una vista excelente o, en sentido figurado, una gran capacidad para percibir detalles, errores o intenciones que a los demás se les escapan. Se asocia a la agudeza visual y a la perspicacia.
Estar receloso o intranquilo porque algo no acaba de cuadrar; sospechar que hay gato encerrado aunque no se tengan pruebas. Describe esa inquietud persistente que no deja de rondar la cabeza.
Tener estilo, ritmo y actitud propios; moverse y vestir con soltura y carisma. Nació en el rap para describir la cadencia al rapear y hoy se usa para cualquiera que rebosa swing y personalidad.
Sentir un cosquilleo nervioso en el estómago, casi siempre por enamoramiento o atracción, aunque también por anticipación o nervios ante algo importante.
Perder el control de golpe por estrés, saturación o rabia y reaccionar de forma impulsiva o dramática; un colapso emocional repentino. También 'crashearse' (del inglés 'crash out').
Sentir una opresión o angustia física en la boca del estómago provocada por los nervios, el miedo o la preocupación. Refleja cómo el cuerpo manifiesta la ansiedad.
Tener muy mala suerte, atravesar una racha de desgracias en la que todo sale mal.
Ser un descarado o sinvergüenza, atreverse a hacer o pedir cosas con total desfachatez y sin pasar vergüenza (variantes: 'echarle morro', '¡qué morro!'). Distinto del 'morro' que en México es niño o pareja.
Tener mala intención o mal carácter; obrar con mala leche y ganas de fastidiar a los demás. También describe un humor agrio y agresivo.
Ser una persona fantasiosa y poco realista, llena de ilusiones infundadas o ideas poco sensatas. A diferencia del despistado, quien tiene pájaros en la cabeza idealiza o inventa la realidad.
Ser una persona excesivamente fría, apática o sin temple, que no se altera ni reacciona ante nada ni muestra sentimientos. También describe a quien carece de coraje para defenderse.
Ser una persona exagerada o falsa que inventa historias y pone excusas para sacar provecho o para evitar trabajar. De ahí también 'ser un cuentista' y 'vivir del cuento'.
Ser tan pobre que no se posee absolutamente nada, ni siquiera un trozo de tierra para morir. Describe una pobreza extrema y permanente.
Tener habilidad, tacto y diplomacia para manejar situaciones difíciles o tratar con personas complicadas sin que se note el esfuerzo. Se asocia a quien resuelve conflictos con destreza y disimulo.
Sentir una conexión o química inmediata con alguien, ya sea en amistad o en un ligue; ese clic intuitivo de 'buena onda' que hace que congenies al instante. Anglicismo ya castellanizado en el habla juvenil.
Mantener una expresión seria, inmutable e inexpresiva, sin dejar ver ninguna emoción. En el Cono Sur también se aplica a quien actúa con descaro y no se inmuta ante un desplante.
Tener el control o el poder en una situación, ser quien manda y decide. La metáfora viene de quien sujeta la sartén por el mango: domina el utensilio sin quemarse.